Érase una vez...

... hace mucho, mucho tiempo, en una lejana localidad del Conurbano Bonaerense, una estudiante secundaria de Humanidades y Cs. Sociales que tenía que decidir "qué quería ser de grande". Corría el año 2004 y todavía asustaba a la mayoría de los argentinos el fantasma de "no importa lo que estudies, en este país te vas a morir de hambre igual". Ya desde antes de terminar la secundaria muchos pensaban en elegir una futura carrera según si iban a conseguir trabajo o no. Como a esta chica siempre le gustó ir por el camino más complicado, decidió que iba a estudiar lo que le gustaba, cueste lo que cueste. Y vaya que le costó. Bueno sí, esa chica era yo. 

  Un día en la escuela nos llevaron a clase la Guía del Estudiante (que en esa época era un libro gorrrrrdo lleno de hojas, porque no existían las tablets, ni las apps, ni el facebook, ni nada). Como
siempre me gustó dibujar y personalizar todo lo que caía en mis manos, pensé que quizás pudiera llegar a ser Diseñadora Gráfica. Pero también me gustaban las Ciencias Sociales, así que podría ir por ese camino. Resulta que mirando en la guía, encontré la lista de "diseños" que había en la Facultad de Diseño y Arquitectura de la UBA. Había uno que decía "Diseño Industrial". ¿Y qué era eso????? Ahí empezó el resto de mi complicada vida.


Entre las cosas que me gustaba personalizar, mi carpeta del colegio.
  Una tarde me fui a un cyber, porque en casa no había compu, y muchos menos internet. Busqué FADU UBA, y de ahí a ver que me decía sobre Diseño Industrial. Quedé totalmente impactada al ver los renders, sobre todo uno de una silla de esquí para personas con discapacidad. Pensé "¡¡¡Eso es imposible de hacer para mi!!!". Lo vi TAN lejano, pero me gustaba TANTO. No me importó nada más, la idea de que tu tarea consista en hacer esos dibujos todo el día, de pensar ideas, hacer maquetas... fue más fuerte que las otras muchas vocaciones que tuve (ah si, yo quise ser muchas cosas: escritora, científica/inventora, cocinera, ing. agrónoma, bellas artes, socióloga, arquitecta...bueno, arquitecta no porque hay que viajar con maquetas grandes en el colectivo ... ¬¬). 
  Ya desde ese momento sabía que
la idea de llegar a recibirme de eso era más bien utópica, pero en esa época era joven e inconsciente y me mandé como Don Quijote contra los molinos de viento.


Un recuerdo que conservo de mis primeras impresiones sobre la carrera. Lo conseguí en la charla de las carreras antes de inscribirme al CBC.
  Cuando le conté a mi papá se agarró de la cabeza. Una, porque era muy caro. Otra, porque... ¿En dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo?, ¿¿¿De qué trabajan los diseñadores industriales??? Buena pregunta. En ese momento no podía responder porque no tenía ni idea. Hoy me sigue costando responder, pero porque hay muchos lugares donde podemos ser útiles y se me hace difícil resumir. Aunque actualmente, saber si voy a trabajar de "diseñadora" cuando me reciba sigue siendo un misterio. Porque hoy en día, en la Argentina de Mr. Gato, el cómo conseguir un trabajo respetable ES UN MISTERIO INSONDABLE que nadie sabe resolver. 

  Volviendo al tema del enigma sobre la vida laboral de un diseñador, mi percepción sobre estas cuestiones cambió a lo largo de los años.
Mi primera idea sobre el mundo de los diseñadores industriales fue mirando programas de autos los domingos en la mesa familiar. Parecía que un diseñador industrial digno de serlo trabajaba en las oficinas de alguna automotriz europea, o cosas por el estilo. Siempre de camisita planchada, impecable, súper top y súper europeo. De preferencia italiano.

  Ni bien empecé a trabajar, junté plata y me compré un libro sobre diseño, que se llamaba "El diseño del siglo XXI". Era hermoso y colorido. Y por supuesto, lleno de diseñadores del primer mundo. En sus páginas había muchas cosas lindas, sofisticadas y que mayormente una persona promedio no se compraría nunca en la vida (básicamente porque son cosas muy caras, o "de diseñador"). Esos tipos exitosos se me hicieron un poco distantes y ya en ese momento sentía una cosita que me hacía dudar si realmente mi vida iba a terminar por ese camino.
  Nótese que entré al mundo del diseño por donde entra casi toda la gente: por el lado más superficial. Mientras tanto, en clase de DI1 yo me mataba pensando en cómo hacer el mejor rallador de queso del universo (y que obviamente tanta complicación me retribuyó con un nivel menos).
En esa época en mi casa seguían insistiendo con que mejor sea ingeniera en vez de boludear en esa facultad llena de chetos. Y que por qué hablaba tan raro: "enchinchada", "polyfan", "render", "nivel más, nivel menos".


Mi primer libro de Diseño, y su posterior versión recargada.
  En esos años seguía sin internet en casa, por lo que mi investigación básicamente se basaba en comprar libros. Siempre que pude compré libros. Después de la primera versión de "El diseño del siglo XXI", me compré una versión más grande, con más diseñadores y más dibujitos. A esa le siguieron "Design Handbook", "El diseño industrial de la A a la Z" y, por supuesto, "Diseño Industrial Argentino". Como para saber en qué andaban por estos pagos.
  Todos tenían muy lindas fotos, pero me resultaron mucho ruido y pocas nueces. Después de eso me aventuré a cosas con más texto que dibujo en las hojas. Un libro de Leiro, otro de Blanco, pero el que me rompió la cabeza fue uno que se llamaba "Puntos Capitales del Diseño". Contaba una experiencia de diseño con un esquema de pensamiento distinto al que estaba vivenciando en la facultad. O por lo menos yo lo percibía así. También me sorprendió y me gustó mucho que fuese escrito desde la perspectiva de una diseñadora de una universidad del interior del país. Y que además era mujer. Porque querer ser diseñadora "Industrial" siendo mujer también era todo un tema. Volviendo al libro, éste tenía un apéndice que despertó cierto interés en mi sobre la relación entre el diseño y nuestra soberanía cultural. Me empecé a preguntar si existe un diseño con identidad argentina, y si eso va más alla del estilo telúrico del mate, el gaucho y el asado.


Este es el libro que me abrió la cabeza
  Como me estoy explayando mucho, a esta altura creo que el lector-docente (o en el más optimista de los casos, compañero) debe estar hastiado. Paciencia, amigo, tantos años de FADU dan mucho sobre que reflexionar. Y sobre todo para una disciplina tan amplia como el diseño. Así que voy a tratar de redondear.

  Para mí hubo varios momentos de hacer "click", desde distintos puntos de vista, siempre relacionándolo con la carrera y la facultad. Uno muy importante para mí fue durante una teórica donde nos presentaron al CEPRODIDE. Estaba Malena (la de Método), quien nos contó sobre un proyecto que habían hecho alumnos de DI3 en Galán. Se trataba de un deshidratador de hierbas aromáticas, pero lo que me impactó fue cuando mencionó que seleccionaron (no me acuerdo bien) si uno o algunos proyectos destacados y los siguieron desarrollando en el INTI. Y que a los alumnos autores de los mismos les habían dado trabajo. Sí!! les habían dado trabajo para que sigan desarrollando su tp de la facultad!!! y en el INTI!!! Yo no lo podía creer. ¿Entonces alguien le da bola a nuestra sacrificada tarea de estudiantes? Chupate esa mandarina.
Está bien, ustedes dirán "¿no sabías de las Qnitas?". En ese momento no estaba en el tema.

  Hubo otro momento de revelación para mi, creo que fue en 2016 o 2017. La verdad no me acuerdo bien la fecha. Estaba en clase de socio y fueron a dar una charla Malena, Mercedes (las profes de método) y Anabella Rondina. Básicamente la charla trataba sobre la relación entre nuestro desempeño profesional y el modelo de país vigente. También nos contaron sobre el Plan Nacional de Diseño. A esa altura yo ya estaba bastante concientizada, tenía conocimiento de muchos proyectos y tps de nuestra carrera que iban más allá de ser un bello render, y ya me había peleado con mucha gente por expresar mis ideas la última vez que elegimos presidente. Mi conciencia no era entonces (ni ahora) sobre sólo el diseño en sí, sino también sobre la industria nacional, sobre cómo se distribuye el trabajo a lo largo de nuestro territorio y muchos otros etc. A todo esto las docentes dijeron algo que me llegó al corazón. Nunca me sentí tan identificada. Ellas hablaron sobre cómo eran las cosas cuando eran estudiantes. Que hace varios años básicamente el perfil del diseñador se trataba de pensar "objetos de lujo" destinados a la exportación. Y que hubo una evolución, las cosas cambiaron (ay, como mostré la hilacha populista) no sólo en el desarrollo de la industria nacional, sino en que nuestra labor profesional se vió más incluída en la misma, en el desarrollo tecnológico y en la mejora de la vida de las personas. No sólo haciendo objetos más bonitos o fáciles de usar, sinó pensando en el impacto social y económico que tiene cada decisión que tomamos sobre lo que diseñamos. Siii, también en la parte ambiental, pero a esta atura ya todos sabemos lo que es la palabra "sustentable". Lo que veo es que muchos no llegan a entender que la sustentabilidad no es lo mismo que "eco diseño". Ya me fui por la tangente.

  ¿Saben por qué me hicieron "click" esas cosas? porque por primera vez sentí que realmente la vida trabajando de lo que me gusta no me quedaba tan lejos, que ya dejaba de ser inalcanzable. Y que esta carrera loca que elegí hace tanto no es un capricho superficial, ni es para ensalzar un ego que quiere destacar individualmente. Los diseñadores realmente podemos "hacer algo por la patria", trabajamos pensando siempre en el otro y con otros. Somos buenos diseñadores si sabemos tener empatía. Podemos hacer cosas con verdadero sentido, más allá de alimentar a un mercado saturado de competencia. No digo que esté mal diseñar para competir en el mercado, porque también de algo hay que vivir.

  Esa charla en la clase de sociología fue una de las cosas que me ayudaron a definir qué diseñadora me gustaría ser. ¿Por qué? Porque a mi me encanta hacer dibujitos lindos, combinar colores, materiales y todo eso. Pero me di cuenta que eso solo me aburre y quiero algo más. Lo que me gusta de estudiar Industrial es que en cada tp te metés a un mundo diferente, incluso a veces me acuerdo de lo que quería ser cuendo era chica. Además, hace un tiempo me cayó la ficha de que nuestro trabajo también reside en pensar sobre lo que vamos a hacer, en investigar, salir a conocer para quién diseñamos.      Después de todo, no estuve tan errada en elegir Humanidades y no me quedé tan corta por no ir a un secundario técnico antes de pisar la facultad. Yo creo que el diseño además de técnico tiene que ser humano. Pero humano de verdad, con una conciencia social auténtica.

  Querido lector, querida lectora, tardé cuatro párrafos en redondear pero hemos llegado al final. Creo que mi tarea para mañana está encaminada, pero por ahora me tengo que ir a preparar el tuco para los fideos. Además está lloviendo y tengo que ir a bajar al gato que se quedó llorando arriba del techo.

Nos leemos en el próximo post.

2 comentarios:

  1. ¡Hola Gabriela! Disfruté leer tu presentación y tus reflexiones. Me hiciste viajar un poco en el tiempo a cuando empecé la facultad, visitaba la biblioteca y trataba de que me regalaran y trajeran libros de diseño. Para un cumpleaños de 20 mi hermana me compró varios libros y revistas de CP67 fue un día especial.
    Me deja pensando la idea de "entrar al diseño por el lado superficial" coincido en un punto, me alegra que podamos ser parte de esa transición a una concepción humana y más profunda del diseño.

    ResponderBorrar
  2. Me alegro poder compartir mis pensamientos y tener una respuesta del otro lado. Gracias por comentar!!!

    ResponderBorrar

Post 09 - TP1B, Reflexiones

Este trabajo práctico partió como la continuación de uno anterior, en nuestro caso, el Eco Eleva, elevador para inodoros descartable y de ca...